Brunhilda #1 – La emperatriz de rosa

El amanecer. Uno de esos momentos maravillosos que muchos optimistas contemplan en sus mañanas. Los rayos del sol entran por la ventana, los pájaros pían, es el comienzo de un nuevo y agradable día donde las personas empiezan poco a poco a seguir sus rutinas. Es un momento sinceramente…

— Molesto, tsk —dije para mí misma. Odio las mañanas. Odio en general los sonidos que molestan mi delicado sueño y en cuanto a las personas… Bueno, no odio a las personas, siento cierta lástima porque ellos no pueden vivir lo que yo vivo. Ellos no son yo. Brunhilda, la chica más elegante, refinada y popular del Instituto de San Iris, en la ciudad de Irisburgo. Tengo más clase que habitaciones tienen todas las instituciones de educación del mundo entero.

Con cuidado me levanto, me visto con mi elegante vestido, cojo mi paraguas y bajo lentamente a la cocina de mi mansión donde mis criados me facilitan un maravilloso y dulce desayuno por el cual muchos de mis compañeros tendrían que pagar el sueldo de todo un mes.

— ¿Cómo no voy a sentir lástima por ellos? — pensé mientras tragaba un poco del desayuno y me peinaban lentamente para no dañar ni una fibra de mi cabello.

Tampoco tengo que despedirme de nadie al salir por la puerta de casa. Mis padres suelen estar ocupados en sus transacciones, negocios, tratos, herencias, y cualquier cosa que sea seguir viviendo esta maravillosa vida que es similar a la mía en general, pero no como la mía. La clase que tengo yo, la elegancia, la finura, con ello únicamente se puede nacer.

Muchos también se preguntan si tengo novio, ¿Os lo podéis creer? ¡Novio! ¡Yo! No podría reírme más aunque quisiera. Siendo quien soy podría tener a quien quisiera cuando quisiera. Puedo tener lo que quiera cuando quiera. No es que solo tenga una fortuna, sino que también soy afortunada.

Y hoy, hoy es el inicio de un nuevo curso. Tengo ganas de ver a mis nuevos compañeros de clase…bueno, más bien de que me vean a mí. ¿Qué pensarán cuando me vean entrar? Lo veré en sus caras, las mismas caras que llevo viendo desde hace años: Admiración, asombro, algún enamoramiento e incluso verdadera idolatración.

Esta es mi vida, este es mi día a día. La historia de Brunhilda.

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